22/02/2020 LaVoz.com.ar (Córdoba) - Web

Carlos Vullo: Con cada restitución se cierran ciclos de pérdidas que son sanadores


Natalia Lazzarini El Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf) volvió a ser noticia la semana pasada al ser postulado para el premio Nobel de la Paz. En Córdoba, funciona el laboratorio que procesa las muestras de ADN de los desaparecidos. En nuestra provincia, trabajan a destajo los bioquímicos que intentan encontrar coincidencias entre los restos óseos de las víctimas con las muestras de sangre de sus posibles familiares. Con cada restitución, se cierran ciclos de pérdidas y ausencias que son sanadores, explica Carlos Vullo, director del laboratorio, que funciona en el cuarto piso de un edificio de calle Independencia, en Nueva Córdoba. Es que el trabajo silencioso que estos bioquímicos realizan en el laboratorio funciona como una especie de rompecabezas. Por un lado, están las muestras de restos óseos; la mayoría antiguos, que seguro han sufrido los castigos del tiempo y del clima. Por el otro, el análisis de sangre de aquellas personas que buscan desde hace años algún familiar. Cuando estos dos perfiles genéticos coinciden, el desaparecido logra ser identificado. Y eso trae un inmenso alivio para quien lo busca desde hace tiempo, agrega el director. Pocas veces estos profesionales tienen la chance de cruzarse con los familiares. Es que la comunicación se realiza desde el área central, ubicada en Capital Federal. Pero cuando tienen la oportunidad de encontrarse cara a cara con ellos, es cuando cobran real dimensión del impacto del trabajo que realizan. Una de esas ocasiones transcurrió en enero de 2018, cuando los profesionales pudieron entrevistarse con los familiares de los soldados muertos en la Guerra de Malvinas. Habían trabajado arduamente en la identificación de 122 restos óseos que se hallaban en 121 tumbas (en una de ellas había dos cuerpos). En lugar de nombres, el cementerio de la isla estaba plagado de leyendas que decían: Soldado argentino sólo conocido por Dios. Entre junio y agosto de 2017, los restos fueron inhumados. Gracias a la intermediación de Cruz Roja y a un acuerdo entre Argentina y Gran Bretaña, el Eaaf pudo identificar a 115 de las 121 tumbas. Cuando obtuvimos los resultados, el equipo decidió acercarse a las personas que estaban lejos de Buenos Aires. En Córdoba, nos tocó notificar a cinco familiares. Entre ellos, había una chica de mi edad, que había nacido en 1982 y su padre se fue, para pelear en Malvinas, cuando ella tenía apenas 3 meses, cuenta Magdalena Romero, una de las bioquímicas del laboratorio. Cuando el equipo le comunicó que su padre había sido identificado, fue muy fuerte. Le devolvieron una medallita que habían encontrado entre sus ropas, y ella se quedó unos minutos mirándola, entre lágrimas. Ahí cobré real dimensión del trabajo que hacemos, cuenta Magdalena. Otra de las experiencias fuertes para el equipo fue la reidentificación de las víctimas del atentado de la Asociación Mutual Israelita Argentina (Amia), el 18 de julio de 1994. Después de la muerte de Alberto Nisman, la Unidad Fiscal para la Investigación de la causa Amia decidió volver a analizar genéticamente las muestras y algunas se procesaron por primera vez. Ahí logramos identificar a un joven de 19 años que había estado presente, junto con su madre, en el momento del atentado, recuerda Vullo. En octubre de 2017, las noticias de este laboratorio volvieron a tener repercusión nacional cuando se supo que había sido el encargado de procesar las muestras de ADN de Santiago Maldonado, quien estaba desaparecido desde principios de agosto. Además de confirmar su identidad, los profesionales analizaron muestras de sus pertenencias. La experiencia nos ha dado la posibilidad de ir ensayando distintos protocolos para la extracción. Y cada vez que obtenemos un resultado positivo, nos ponemos contentos por esos restos, que por fin logran ser identificados, agrega Laura Catelli, otra de las integrantes del laboratorio. Nos toca hacer un trabajo muy metódico, con análisis de detalles, controles y concentración acota Carola Romanini, también bioquímica del equipo. Esta seriedad también les aporta seguridad a las familias. Este equipo sabe que la experiencia es su principal capital. Lleva hasta el momento cerca de 3.500 huesos estudiados. Aunque no se especializa en criminalística, sino en vestigios antiguos del cuerpo, también interviene para resolver casos de violencia de género. En México, analiza restos de migrantes que murieron en el intento de conquistar el sueño americano. Y en Nigeria, participa de un proyecto conjunto con Brasil utilizando la técnica del ADN mitocontrial, para identificar a personas a través de su herencia materna. El laboratorio integra la ONG y funciona con el aporte de las instituciones o estados que colaboran mediante convenios. Aunque muchos casos ganan trascendencia, la mayor parte del trabajo se realiza en silencio. Por eso cuando, a fin de año, el jurado decida quién se lleva el Nobel 2020, Córdoba cruzará los dedos por este candidato. Expertos en armar rompecabezas El primer acercamiento de estos genetistas con el Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf) se dio en 2003, con la exhumación de las fosas comunes de San Vicente. En aquel momento era muy difícil obtener perfiles genéticos y nosotros habíamos desarrollado un método muy ingenioso que consistía en purificar varias veces las pruebas de ADN. Un trabajo que normalmente se hacía en tres días nos llevaba a nosotros dos semanas, recordó Vullo. La técnica de la doble purificación del ADN consistía en quitar las impurezas en las muestras y entonces conseguir buenos resultados. Con los años nos dimos cuenta de que el problema de las impurezas eran los inhibidores que provenían del suelo. Pero, en ese momento, la técnica nos daba buenos resultados. Ahí surgió la primera colaboración con la ONG, en 2003. El vínculo continuó con el tiempo, más formal a partir de 2007. Y hoy sigue siendo Córdoba la provincia adonde recaen las muestras de restos óseos de los desaparecidos, que después se cotejan con las manchas de sangre de probables familiares. Hacemos perfiles genéticos, cruzamos datos y vemos si hay coincidencias, agrega. Proyecto humanitario En las investigaciones sobre crímenes de lesa humanidad, el Laboratorio de Genética del Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf) analiza fragmentos de restos óseos de los desaparecidos por la dictadura militar y los coteja con una base de datos nacional. Esta última está conformada por perfiles genéticos de los familiares que decidieron dejar sus muestras de sangre. Nos ha tocado colaborar en las búsquedas que familiares realizan durante años. Por ejemplo, de mujeres que han pasado su vida intentando localizar a sus hijos, agregó Laura Catelli, otra de las bioquímicas del laboratorio. Los principales resultados se obtienen leyendo la información que se encuentra encriptada en el núcleo de cada célula. Aquí se encuentran los cromosomas, que contienen tanto la herencia materna como paterna. Las pruebas de ADN nuclear tienen una desventaja: sólo existe una copia por célula. Y si la muestra sufre las inclemencias del tiempo humedad, incendio, calor, esa información puede perderse. Para eso existe un plan B, y son los análisis de ADN mitocondrial, que actualmente se utilizan en los proyectos humanitarios que la ONG mantiene en Nigeria, África. Las mitocondrias son organelas que se encuentran en el citoplasma, la parte externa al núcleo. Este ADN sólo contiene información sobre la madre. Aunque no nos sirve para identificar plenamente a una persona, este análisis sí nos sirve para conocer más datos sobre ella, los que se heredan por línea materna. Se utiliza en el campo forense porque la información se preserva mejor, cuando la muestra está muy degradada, explica Micaela Longaray, bioquímica del laboratorio que participa en el proyecto humanitario en Nigeria. Esta técnica aporta valiosos datos cuando aquel que se busca tiene rasgos que no son predominantes en su población. La mayoría de las muestras que analiza el laboratorio se cotejan con los análisis de sangre de sus posibles familiares. Pero, en otros casos, también se realizan comparaciones con objetos personales de la persona que desapareció. Nos ha tocado participar de investigaciones en otras provincias. Ya llevamos 3.500 huesos analizados, finalizaron. En el mundo La ONG tiene proyectos en México, en África y en Perú. El laboratorio está integrado por Carlos Vullo, Laura Catelli, Carola Romanini, Magdalena Romero, Micaela Longaray, Andrea Rocha y Martina Rotondo. Pertenece al Equipo Argentino de Antropología Forense. Analiza las muestras de ADN de víctimas de crímenes de lesa humanidad y las coteja con análisis de sangre de sus posibles familiares. En otros casos, también se buscan coincidencias con objetos que le pertenecieron a la víctima.

#96882023   Modificada: 22/02/2020 00:42 Cotización de la nota: $35.714
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